RUBÉN
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DAVID
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FRAN
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viernes, 18 de julio de 2025


Highlights. De todos es sabido que cuando Fran organiza una cena en su terraza en verano pasan cosas. Como que el menú de la velada incluya más carne que la fiesta de cumpleaños de Lamine Yamal. O que el día en que se realice resulte ser siempre uno de los más calurosos de todo el verano, algo que no importa a este grupo de ñass que, imbuidos en la filosofía de aquel hombre al que le parecía bien todo porque vivía en la otra punta, no se preocupa por el calor...ni por cualquier otra cosa, tal y como quedó demostrado la semana anterior. ¿Que el fin de semana que han quedado en ir todos a Alicante hay posible DANA? No importa. ¿Que estamos a jueves y no se ha concretado el día ni el plan de la quedada? Da igual. ¿Que ya es viernes por la tarde y no han reservado restaurante? Pues ya encontraremos uno…Entre Fran diciendo que le parece bien todo, David diciendo que no ha leído nada y pidiendo un resumen de la conversación como si estuviera hablando con chatgpt, y Rubén durmiendo la siesta con Perico Delgado y Carlos de Andrés, Fidel arroja la toalla (metafóricamente), abandona el carro (metafóricamente), y se va a bailar (literalmente) dejando al menos una selección de restaurantes para que el resto llame al que quiera. Al final es el ña el que tira del carro y reserva tras volver de una excursión a los centros comerciales para cortarse el pelo que le ha quitado la fé en la humanidad. Y no ha sido un espécimen concreto, sino la generalidad de gente que por allí pululaba ‘sin saber sumar dos más dos’. Unas duras declaraciones que podrían dar nombre a un campeonato como también lo pudo dar un Aldi con el que el top one se quemó al no encontrar cajeras. Para que años después al hombre le haya parecido lo mejor de su visita al centro comercial que en la tienda Springfield hayan quitado a las cajeras. Una contradicción que se comenta plácidamente por whatsapp cuando es sábado, son casi las doce del mediodía, y aún no se ha acordado una hora de partida para ir a Alicante. Y lo mejor es que en el más puro estilo ‘hay tiempo para comer’ Fran anuncia que antes de partir tiene que pasar por el Carrefour a recoger un paquete, y quizá por asociación de ideas, le viene a la mente la idea de recoger ese otro paquete con el que ha protagonizado actuaciones lamentables frente a una PS2 llamado David. Un araña que ya pasada la una de la tarde interpreta el meme de John Travolta cuando baja de su casa y no ve por ningún lado el Focus de un Fran que supuestamente está allí para recogerle, teniendo que bajarse el descompresor de su coche para que el unionense deje de mirar a un lado y a otro buscando un Ford que no va a encontrar. Y es que Fran se ha comprado un Mazda con el que el araña prefiere no comparar su Sandero, vehículo que a punto ha estado de ser el coche en que vayan todos a Alicante debido a que ni el Focus de Fran tenía aire acondicionado, ni tampoco el Qashqai de un Rubén que es el último paquete por recoger, y que les espera en su casa…o casi se podría decir en su casa-árbol. Porque tanto ha crecido el follaje del árbol de la entrada que desde fuera es casi imposible ver a unos Miriam y Rubén que casi tienen que pedirle permiso a la planta para salir a saludar y a comprobar que David se ha convertido en un fashion victim. Bueno, el espinardense no comprueba nada porque ni se entera. A Miriam sí que le parecen llamativas esas gafas de sol que luce un universitario de look no precisamente macho-man, pero por prudencia no dice nada hasta que descubre que esas gafas en realidad son de ella y llevaban dos años en el coche de Fran. Lo que no había en el mítico maletero de ese vehículo es un bañador que le hubiera venido bien a un araña que no se lo ha traído, y no será porque no ha tenido tiempo para pensárselo. Pero dado que Fran fue el único en hacer un comentario pro playero durante la semana, Fidel y la playa no son grandes amigos, y Rubén mostró el mismo interés por la arena que Pachi Alonso por atender a Lopetegui, el unionense no cargó dicha prenda de baño en su equipaje descubriendo ahora, ya cogiendo la autovía, que el resto sí que vienen preparados para la playa. En cualquier caso, y para que no se queme, el resto se compromete a comprarle en Alicante al hombre un bañador paquetero, que según Miriam son los que se llevan ahora, y que incluso vienen con un relleno frontal al que solo le falta tener vida. Y otra cosa a la que también se compromete ella, tras recibir las merecidas felicitaciones por haber aprobado la oposición (rimas aquí), es a obsequiar a todo el grupo con una invitación que empieza muy arriba (‘os invito a todos a comer’) pero que se va desinflando (‘bueno, ahora no, cuando cobre’) con la misma velocidad que la autocalificación culinaria de Tamara Falcó (‘tampoco un sitio muy caro que el sueldo no será alto’). En cualquier caso lo importante es saber de una vez dónde va a conseguir la plaza, algo que se está demorando en exceso. La propia Miriam reconoce que no tiene información exacta de cuándo ocurrirá eso, y que toda la información que tiene ‘son rumores’, expresión que activa en el jukebox alojado en el cerebro rubeniano ese superhit del grupo Los Cantantes denominado ‘El venao’, canción que el hombre pasa a entonar interrumpiendo la conversación y provocando un regocijo general que se extiende a que cada vez que durante el viaje alguien pronuncie la palabra ‘rumores’, ese perro de Pavlov llamado Rubén responda cantando ‘son rumores’. Y canción que provocará también, horas más tarde, y gracias al algoritmo de Spotify, el descubrimiento de otro hit de ese mismo grupo que tiene como título ‘El virao’, un tema de profunda letra (conocí a una mujer que lo tiene todo, tiene cintura, tiene cadera, tiene una boca pero muy buena) cuyo repetitivo estribillo (se anotó un virao) es un virus capaz de penetrar en el cerebro más entrenado, como bien comprobará a media tarde el espinardense en ese mismo coche que ahora les encamina a Él Campello, coche que ha gustado a Rubén pese a que cada vez que entra o sale de sus plazas traseras se deja los cuernos, algo que, metafóricamente hablando, no hacen precisamente los alumnos de un David que ve con preocupación cómo desciende el nivel académico general en los últimos años, con un pequeño porcentaje de alumnos aventajados, y una gran mayoría a los que solo les falta decir ‘poooh, ¿cómo?’. Todo lo contrario que un Rubén que a su edad ha continuado hincando los codos a diario para preparar la oposición, aunque lo que no está tan claro que haya hecho todos los días es ducharse. Y es que inquirido el día anterior sobre cuántos días había llegado a pasar sin levantar la alcachofa de la ducha, el hombre no quiso responder con un número y lo hizo con el icono de un gorila que bien podría vivir en ese árbol que crece sin control en su casa ante la mirada impotente de su padre. No queda otra que, una vez llegados a Alicante, y tras celebrarse el primer embaucamiento de Fran en el maletero del Mazda, preguntar de nuevo al ña por ese tema del que se escaquea. Lo más que llega a confesar es que estuvo solo en Torrevieja tres semanas y que las dos veces que fue a verlo Miriam sí que se duchó, algo que no satisface a un David siempre tan interesado en tener datos tan milimétricos sobre ese tema como Chendo sobre el suyo. Afortunadamente para Rubén justo en ese momento pasan por una puerta en la que luce ‘Caballeros del temple’ y la conversación pasa a unos templarios que siguen en la lista de posibles campeonatos asociados a un ña reacio a hacerse una foto ahí, de tal forma que su negativa a posar y estarse quieto acabe consiguiendo algo peor, quedar inmortalizado en una pose de la que reniega (parezco el Langui), mientras que, a todo esto, hace ya unos minutos que esperan Fidel y Elsa en ese restaurante en el que Fran, al llegar, se gana el premio Jesús Gil a la igualdad organizando dónde se tienen que sentar las mujeres en una mesa que no destaca por su tamaño. Y es que aunque la comida está realmente buena, a David le empieza a entrar en un momento dado un calor que no entiende hasta que finalmente percibe que esa parrilla que tiene delante lleva debajo unas brasas en la que se terminan de freír esas salchichas alicantinas a las que tampoco tienen que envidiar las murcianas que, siete días después, está sirviendo Fran en su terraza justo antes de que dé comienzo el quinto torneo del campeonato El Horror, ese que puede dar la victoria a Fidel si consigue que Rubén sume menos de nueve puntos. No parece importarle al segundón que su pareja sea su hermano, ya que afirma ser capaz de sacar lo mejor de él mientras que David, que tiene que sumar puntos para evitar ser manta, no confía mucho en el tándem que suele hacer con Rubén. Ambos tienen razón. En el primer partido el anfitrión se desmelena (metafóricamente) con tres goles que fastidian mucho a sus rivales. Porque pese a que en el segundo partido los rubendavidianos al menos logran un empate, quedan con un golaverage tan malo que tienen que ganar por cinco goles para pasar a semifinales. Algo que no cuadra a unos Rubén y David embaucadísimos con el hecho de que habiendo perdido por tres goles tengan que ganar por cinco para dilucidar el average entre Inglaterra y Dinamarca. Cualquiera diría que qué más da por tres o por cinco, si la misión es imposible, pero seguro que no lo diría si supiera que Fran ha sido poseído por el ‘efecto Brasil’. Desde el minuto uno del tercer encuentro Fidel está jugando solo, y la mayor aportación de su hermano es, cuando el comentarista indica que el balón ha salido ‘por arriba’, ponerse a cantar a lo Dinio. Suerte tiene el medidor de sapos de que al final solo le caen dos goles que le permiten garantizarse el campeonato, y quitarse de encima a un Fran que será endosado a ese Rubén que tendrá que sacar lo mejor de él para que el palmareño no acabe top manta, aunque eso será contado en otra ocasión…


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